Mostrando entradas con la etiqueta Galicia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Galicia. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de febrero de 2018

Diez años hoy, PADRE, partiste a navegar otros mares...

Con mi padre y el perro Tito


PADRE

9 de febrero de 2008, Sevilla



Padre, pensando en ti escribí estas letras,
pensando en la espuma blanca de las olas
que a partir de ahora mecerán tu cuerpo
y en el recio viento del Norte
que abrazará a tu alma entre sus rachas.

Navegando en el cielo
de los capitanes que vinieron de la Atlántida
hallarás flotando en la orilla de alguna playa del Estrecho
los restos de un naufragio que sueña con ser barco,
y con tus manos callosas darás nueva forma a su madera
y tejerás las redes que arrastrarás por la popa en tu viaje.
En el ancho Océano, correrás de nuevo los temporales,
pero la tormenta ya no gritará tu nombre al final de cada trueno.
Nunca tuviste miedo.

En solitario navegarás en tu buque
al que bautizarás con nombre de mujer
y pondrás proa a un rumbo que sólo tú conoces,
lentamente bordeando costas y doblando cabos,
arribarás a puertos más allá del trópico
y esperarás a los bancos de pescado
donde sólo tú sabes que van a aparecer.

Luego fondearás en una bahía clara
y a cubierto de las rompientes
rodeada de rocas esculpidas por tempestades,
quizás al amparo de alguna ría,
quizás cerca de los celtas que yacen en el Monte Pindo
o quizás donde el río Tambre vierte sus aguas
al mar que viste por vez primera.

Y en la costa, al pie de la vereda,
elevarás tu nueva casa tras los espesos pinares,
y al abrigo de los montes plantarás tu huerto
sobre el húmedo lecho de una leira,
donde bien pronto, de la tierra removida,
nacerán de nuevo tus frutales y hortalizas.
Con el perro Tito cazarás perdices y zorzales
y para los animales construirás 
un establo de piedra junto al regato.
Con el sol de la mañana 
injertarás los manzanos con manzanas de colores
y en los primeros días de febrero
podarás las ramas del peladillo con tu vieja tijera.

Cuando llegue nuestra hora
y caigamos al fin en la turbia y negra corriente,
sobre el faro que alumbrará tus noches
nosotros pondremos rumbo, desde las costas del  Sur,
a la playa de dunas blancas donde te encuentres
allí donde las gaviotas hacen sus nidos
y donde la suave brisa estremecerá nuestras almas
cuando quiera el Tiempo vernos de nuevo reunidos.

Dicen que todos los marinos se enamoran de una estrella
y todas las estrellas tienen un nombre.
Tú serás mañana nuestra estrella 
y nos guiarás hacia nuestro norte
y nos iluminarás con tu brillo
como en este instante, nuestro instante,
recién separados como ahora estamos
de nuestro común destino.

Entonces tú gritarás nuestros nombres
y nosotros el tuyo hacia el universo infinito.
Como un roble altivo otra vez nos cobijará tu sombra
bajo la que amorosamente nos criaste
y nos envolviste en bonitos vestidos.

Padre, el día en que te fuiste
en realidad te quedaste para siempre
y no puedo decir que te hayas ido
porque mucho ha quedado tuyo en mis entrañas 
que no morirá jamás.

A orillas del Sar, en el cielo, en la tierra,
a lo largo y ancho de la mar,
en todo lo insondable,
yo te hallaré y tú me hallarás.

Mas como dicen esos versos
que leíamos en una cama de hospital:
“Nada hay eterno para el hombre,
huésped un día en este mundo terrenal
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.”

Nuestra última noche,
al verte yo alejarte, al verte yo alejarte ya,
Te di las gracias y me invadió el sollozo
cuando en la penumbra te susurré al oído:
“Padre, te guardaré en mi memoria 
hasta el día en que me vaya yo.”



a Luis Manuel Romero Sanchez
1 de Noviembre de 1929 - 9 de Febrero de 2008

Este poema fue leído por el autor el  día 14 de febrero de 2008,
en presencia de un cielo abierto en una playa desierta
antes de arrojar sus cenizas
sobre el mar que rompe en las costas de Huelva.

Publicado en la 2ª edición (2012) del  poemario:
 "El Remolino" (Lewis Romero, 2006)


lunes, 16 de octubre de 2017

Arde GALICIA




Hoy, este 16 de octubre, día de mi cumpleaños, lo recordaré  amargamente, con lágrimas en los ojos y dolor en el corazón.

Estoy muy, muy triste por GALICIA, la tierra de mi padre, mi tierra también.
Tengo mucha familia allí, bastante repartida, sobre todo por Coruña, también por Pontevedra, Vigo… Anoche hablé con algunos familiares, esta mañana con otros, todos están bien pero están destrozados viendo cómo arden sus aldeas y sus montes. Están destrozados e indignados, como lo estamos todos. Ayer, una de mis primas me contaba cuando volvían de pasar el día en Puerto del Son (Coruña) que los incendios no habían llegado hasta allí en esta ocasión pero sí durante el verano y que estaban padeciendo la mayor sequía de los últimos años.

El Son está a no muchos kilómetros de Portosín, el pueblecito donde nació meu pai, un pueblo de pescadores rodeado de leiras de maíz que suben por empinados senderos hasta donde crecen los eucaliptos y los pinos gallegos de los montes cercanos a la Sierra de Barbanza; también allí nacieron mis tíos y tías, una familia de once hermanos. Una familia grande. Algunos emigraron a América latina, otros a Suiza… los gallegos son hospitalarios y muy trabajadores. Mi padre bajó al sur, a Huelva, buscando su destino y su futuro en la pesca; algunos regresaron,  otros no se fueron nunca, se quedaron en su tierra, la tierra verde y fértil que siempre fue desde los primeros asentamientos celtas en la Edad de Hierro. Recuerdo cuando subí al Monte Pindo por vez primera o cuando siendo más joven contemplé el agreste mar desde la elevada ciudadela celta del Castro de Barona, muy cerca de la casa de mis abuelos, una gran casa hecha de piedra, típica gallega con un gran hórreo y tierra de cultivo, desde donde se contempla el puerto de Portosín a la orilla de la ría de Muros y Noya… recuerdos que no puedo evitar cuando escribo estas líneas.

Me horroriza pensar que habrá mañana muchas casas gallegas, muchos montes, desde  donde lo único que se pueda contemplar es la tierra calcinada  que ha dejado el fuego y sentir en el aire el infame olor a monte quemado. ¿Se puede ser más infame que un pirómano?

Tengo ahora el corazón en Galicia…, y me gustaría estar allí, con una vela encendida al viento, de pie, junto al hórreo de la casa de mis abuelos, donde nació mi padre.