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lunes, 4 de abril de 2016

Crónica BLUES De Luxe 2: JIMMY BARNATÁN & the COCOONERS



Casa del Blues Café (C/ Geología, 31)
1 de abril 2016
Fotografía: Ángela Oliva

 Segunda de las noches dentro del ciclo Blues Deluxe organizado mensualmente por la CASA DEL BLUES DE SEVILLA , y contando esta vez con Jimmy Barnatán & The Cocooners, una de las primeras bandas que nos visitó el año pasado en la nueva sede Casa del Blues Café y que dejó al personal con ganas de volver a disfrutar de su variado show de rock, blues y soul.


Jimmy Barnatán (Madrid, 1981) dejó clara desde muy joven su vocación subiéndose a los once años a las tablas del Teatro Nuevo Apolo de Madrid en la ópera-rock Los Miserables.  Muchos le conocimos por el programa dirigido por El Gran Wyoming El Peor Programa de la Semana (1994) o por su papel de niño poseído en la icónica peli El día de la bestia (Alex de la Iglesia, 1995). Desde entonces hasta hoy  ha ido engordando currículum con cine, series de televisión, novelas, cortometrajes y guiones, más discos, numerosas colaboraciones en prensa, radio… y actualmente se encuentra de gira por todo el país y próximo a publicar su quinto disco.

De modo que el polifacético actor, director, escritor y músico Jimmy Barnatán, junto a sus Cocooners, agarraron por el cuello al público sevillano desde el primer tema, en un trepidante un arranque donde los riffs de guitarra, sean stonianos o no, no dejaron descansar a los asistentes ni les dieron un minuto de tregua salvo en los intervalos entre canciones donde Jimmy probó suerte con su peculiar humor en algún chiste improvisado. Un repertorio que bebe del blues y del soul, del rock y del hard-rock, también del funk, incluso efectuaron alguna incursión caribeña en el primero de los pases. Estancias en su Norteamérica querida le han dado una buena base.
Sonaron temas de sus anteriores trabajos ‘Room 13 (A Blues Tale)’ (Goshua Music, 2013) o ‘MotorClub’ (Gaztelupeko Hotsak), este último con ocho temas de cosecha propia; canciones muy aplaudidas como “Bad News”, que fue single de Room 13 y en la que se puede apreciar la facilidad de Jimmy para los medios tiempos de tinte soul y blues; o temas como “Bad Boy” y “I’ve Got a Knife” de ‘Motorclub’.  También sonaron versiones, recuerdo una contundente “Roadhouse Blues” de The Doors que encantó al respetable. En general,  un repertorio bien dosificado en temas y tiempos, a mi modo de ver, con alternancia de rock, blues, soul…
En realidad, la voz de Jimmy se defiende bien en varios géneros y estilos, una voz con muchos recursos moldeados a base de whisky y nicotina, practicando además su particular scat cuando le viene en gana; decir que personalmente me gusta como cantante, aunque sobre el escenario él sea mucho más que eso: Jimmy es un auténtico showman, un frontman convincente que hace pasar a la audiencia un concierto entretenido y con grandes dosis de divertimento, como dejó patente la pasada noche en el escenario del Casa del Blues Café, y por segunda vez en pocos meses. Un concierto de gran altura con unos músicos impecables y una gran exhibición de Barnatán.
El sonido de la sala, siempre excelente, comandado por Andrea Salvadori, que en el segundo pase se bajó a percutir las teclas de su piano junto a los Cocooners y a Jimmy. Magnífica la asistencia de la barra a cargo de Rocío y Silvia, guapísimas y eficaces toda la noche. Muchos amigos  entre el público y la sala registró una buena entrada.

Al finalizar, firma de vinilos de ‘Room 13’ (Room 13 podría ser tanto un disco, como otro de sus guiones, un nuevo corto, o incluso su tercera novela, con colaboraciones de postín entre ellas su amigo Wyoming), los CD’s de ‘MotorClub’ (colaboraciones de Virginia Labuat, Carlos Tarque y Johnny Cifuentes), y también ejemplares de su segunda novela “New York Blues”, bastante autobiográfica según me comentó el mismo Jimmy,  y, bueno, esperando publicar pronto su próximo trabajo en disco y a continuar con esta gran gira que les está llevando con mucho éxito por todo el país.

Desde la Casa del Blues de Sevilla les deseamos lo mejor, volved cuando queráis.

Mucha suerte en la gira y salud!










Lewis Romero, Jimmy Barnatán y Ángela Oliva






sábado, 12 de marzo de 2016

Crónica BLUES De Luxe I: SUZETTE MONCRIEF & LITO BLUES BAND



Organización: CASA DEL BLUES DE SEVILLA
Lugar: Casa del Blues Café (c/ Geología, 31)
Fecha: 04-03-2016
Fotografías: Ángela Oliva
 Magnífica velada de blues el pasado viernes, en Casa del Blues Café.
Recogí a Ángela y recorrimos despacio la SE-30 hasta cruzar el Puente del Alamillo y enfilar hacia San Jerónimo. La noche era fría pero eso era lo de menos. En mi caso, la distancia al blues tiene el color de las luces de la noche y del asfalto lavado por la lluvia. Cuando voy en el coche a un club de blues, la ciudad no me sigue, se va quedando atrás como una sombra destruida. Así, delante de mí comienza un territorio donde es posible quemar todos los fantasmas y evitar todos los finales. 


Llegamos a Nueva Torneo y somos los primeros en llegar. Emilio y Andrea están atareados ordenando la entrada, la caja, los tickets… Rocío, siempre guapa, en la barra, me da un beso. Los músicos están picando algo. “Déjales comer tranquilos”, me digo, “ya habrá tiempo de saludarles más tarde.” Sí, Suzette se acordaba de mí, de Antequera… “nos presentó Antonio Blanco, en el Festival de 2012”, le comento, y luego “…soy muy fan tuyo, me encanta lo que estás haciendo con el tributo a Billie Holiday.”


 La sala poco a poco se va llenando de socios y de aficionados al blues. Veo algunas caras conocidas, al principio pocas, luego más. Saludo a Alex, a Carri, a Cristóbal Moreno y a “Kid” Carlos que llegan con su ampli, un Twin Reverb para la guitarra de Lito. Acaban de probar sonido –al son de  “Everyday I Have the Blues”- y me siento con Lito, pionero guitarrista de blues, y charlamos de Málaga, de su Sociedad de Blues, del Teatro Echegaray, de Eric Clapton, del nuevo festival en el Castillo…, también hablamos de La Cochera, el garito del que siempre me habla mi colega Rafa Oldblues…. Le pregunto a Lito si se acuerda dónde me firmó su primer disco, ‘Presentación’, en Málaga en el 2004… no lo recuerda. “Es normal, yo tampoco”, pienso y me sonrío.

Lewis & Lito

 Decía que la noche era fría, aún así, estamos fumando en la puerta recibiendo con una sonrisa a todo el que llega, como Pilar, Rosa, Lola y Cinta, que vienen desde Guillena. Eso es afición. “Bien, esto se va ambientando”, pienso entre volutas de humo. Con el local cerca del lleno, un centenar largo de paisanos y paisanas asistimos a la primera de las noches que la CASA DEL BLUES DE SEVILLA (CBS) ha comenzado a programar dentro del ciclo Blues De Luxe. A lo largo de este ciclo, y al menos una noche al mes, los aficionados podrán disfrutar de músicos y de bandas nacionales -y también, por qué no, internacionales- representativas del género dentro de la escena de blues nacional.

Inaugura esta serie de conciertos mensuales la vocalista americana afincada en Málaga SUZETTE MONCRIEF, acompañada por la LITO BLUES BAND, la banda del veterano guitarrista malagueño José Fernández “Lito”, banda de la que Suzette ha sido y es vocalista desde sus comienzos y con la que ya participó en el primer trabajo de la Lito Blues Band, ‘Presentación’ (BigBang/Cambayá, 2003).  Su último trabajo discográfico se encuentra en la súper banda Cambayá Blues Reunion y su disco de 2012 como tributo a Robert Johnson y editado por Cambayá. Banda ésta a la que, teniendo como base la Lito Blues Band, se unieron grandes músicos del panorama bluesero español: veteranos como Tonky De La Peña y Ñaco Goñi, Paco Simón y Jeff Spinoza (Red House)  o el guitarrista sevillano Lolo Ortega (Caledonia Blues Band). Este CD aún puede adquirirse en la web de Cambayá; el primero está descatalogado, desde luego, y su segundo trabajo ‘Lito Blues Band Revisited’ creo que también.


  Una formación que ha venido a Sevilla, además de Lito a la guitarra, con Jorge Blanco al bajo y Nicolas A. Huguenin a la batería, músicos veteranos y que acompañan a Lito desde hace años. Aunque vienen sin teclados, habitual en los anteriores conciertos que les he visto, la banda no se resintió en ningún momento y ofrecieron un gran show en sus dos pases, con un repertorio compuesto en buena parte por standards de blues.  

Abrieron con medios tiempos pero potentes: una buena versión de “Hoochie Coochie Woman” para continuar con un “Kind-hearted Man”, ambos adaptados de los originales, siguió con “Everyday I Have the Blues” y otros clásicos, todos interpretados con la solvencia de la voz de Suzette, una voz hecha para el blues eléctrico de Chicago del sello Chess al estilo de Koko Taylor o del R&B temprano de Etta James. Dos grandes damas del blues a las que Suzette aborda con soltura y finura, con grandes dosis de feeling y muchas tablas arriba de un escenario. Además de sus años en el blues, Suzette reparte su talento también a otros géneros como el jazz, recientemente homenajeando con su combo a la gran Billie Holiday.


 El intermedio dura poco, el tiempo de saludar a dos amigos, echar un cigarrillo, y hablar de programas de radio y de coros góspel con Pilar mientras Ángela examina las fotografías que ha disparado.


El segundo pase, con el público totalmente entregado, Suzette comenzó con su impecable rendición de “I’d Rather Go Blind”, el tema que Etta James hizo famoso en 1968 y que con el tiempo se ha convertido en una “vara de medir” –una de ellas- a las buenas intérpretes de soul y R&B.  Seguidamente, hubo tiempo para disfrutar de la guitarra de Lito con dos muestras instrumentales: primero se marcó un emocionante “A Day in the Life” de Lennon/McCartney en la versión de Jeff Beck -tal como se puede escuchar en el álbum Live: B.B. King Blues Club & Grill, New York (2003)- y a continuación una magnífica recreación de “Stratus” también de Beck. Lito, apoyado en un taburete para concentrar energía, hizo hablar y aullar a su Gibson como solo él sabe hacerlo.  La banda sonó a gran potencia con un sonido nítido y perfectamente localizado, cada componente percusivo en su sitio y cada nota claramente identificada en la línea del bajo. Un sonido francamente bueno, óptimo, el que se obtiene en esta sala comandando la mesa el mago Andrea Salvadori. Mis respetos.

 Suzette presentó a la banda y se despidió con “The Blues Is My Business”, otro tema de Etta James que alcanzó gran nivel y fue muy aplaudido. Los aplausos resonaban en la sala y, en el bis, nos regalaron una versión de “Purple Rain”. Con ella dieron fin a dos horas de un espectacular concierto, inolvidable para muchos.

Charlando con Lito, que está convaleciendo de una reciente intervención, nadie lo diría, pues está en una forma musical increíble, me decía que había invitado a su amigo Lolo Ortega pero finalmente no pudo asistir por estar también actuando. Una pena, echamos de menos a Lolo, nos hubiera gustado verlos dialogando juntos en el escenario.





 

 Destacar que a Lito, buena parte del público no le conocía, y sin duda sorprendió y convenció a todos. Hay que decir lo mismo respecto a Suzette Moncrief, que encantó a todos con su voz y su simpatía; a todos, a los que no los habían visto nunca en directo (la mayoría) y también a los que ya los conocíamos, como siempre, nos dejan con una sonrisa en la cara y con la inspiración flotando en el ambiente. Con la inspiración y con las estrellas que hay detrás de la Luna; y con los sueños y las fuentes del Guadalsissippi; y con el color de las luces de la noche y del asfalto lavado por la lluvia; y con pesadillas metódicas, ríos y mares sutiles y los demonios de los elementos. Así es el reino del blues. Volver a casa escuchando las sirenas y el lamento de un viejo motor. Y esa paradoja es la garantía de nuestra próxima peregrinación.

Gracias, Suzette y Lito.
Esperamos y deseamos que volváis muy pronto.

Salud.

 
Lewis Romero, Lito Fernández y Alex Martínez

Lewis & Suzzette













domingo, 25 de octubre de 2015

CHENCHO FERNÁNDEZ Presentación DADÁ ESTUVO AQUÍ (Warner, 2015)



Fecha: 24 octubre 2015
Lugar: FNAC Sevilla (Avenida de La Constitución)




El pasado sábado por la tarde, a eso de las siete en Sevilla, no se me ocurrió mejor sitio donde estar en ese momento del espacio y tiempo que en el showcase acústico que Chencho Fermández, acompañado por su guitarrista Israel Diezma, ofrecieron en el reducido recinto que la FNAC prepara en estas presentaciones y que el sábado se llenó de amigos y admiradores del músico.


Conocí personalmente a Chencho el año pasado en el Fun Club, en la presentación del sello de la casa, sello en el que se editó su primera encarnación de DADÁ ESTUVO AQUÍ y que fue también un concierto presentación de las canciones de éste su último trabajo discográfico, con gran éxito de crítica. Admiraba su trabajo con Sick Buzos en los ’90 pero he de reconocer que le había perdido la pista totalmente.

Escuchando las canciones de Chencho en acústico me resulta inevitable pensar en Dylan o en su admirado Tom Waits y decir eso es decir mucho. Acústicamente, electriza. Chencho es un excelente contador de historias en el filo de la navaja entre la melancolía y el desapego. No duda en presentarlas desnudas, a voz y una guitarra como en Discos Bora Bora (Granada) unos días antes, o como ayer con la ayuda de la Telecaster de Israel, un excelente guitarrista que compone la mitad de la pareja que le acompaña en eléctrico. La otra mitad es el guitarrista Juano Azagra, ambos de la banda sevillana All La Glory.





 Ayer sábado en la FNAC se pudo ver a un Chencho relajado y contento que en una media hora nos ofreció con su habitual delicadeza platos fuertes de su álbum como “La Estación del Prado”, “La Garçonne”, Radio Fun Club”, “Muchacha Rural” el single “Este Matrimonio No Casa”, “Si Alguna Vez Mueres Joven”, para terminar deseando a los asistentes “Una Buena Noche” a flor de piel. Todas grandes canciones, como el resto del álbum, historias hilvanadas desde un horizonte con cierto punto decadente y estético, dibujando a la perfección escenas cotidianas entre la niebla de un pasado presente. Eché de menos “El Rayo a Punto de Caer”, mi favorita en este momento -mañana será otra- una canción que es pura fragilidad urbana, pero el tiempo mandaba. Decir que ya había quemado el año pasado este álbum cuando se publicó por primera vez y ahora estoy de nuevo en ello y en color.

Posteriormente, charlando con Israel, le pregunté qué tal el concierto del viernes en La Axarquía de Córdoba y me confirmó que estuvo muy bien. Me alegro, había enviado a unos cuantos amigos cordobeses al concierto y sabía que no me iba a dejar mal. Chencho, muy amable, me dedicó el álbum (“Para Lewis, aquel nuevo cantante, ya sé qué ha sido de él”), quedamos en tomar una copa un día de estos y yo le prometí hacer una reseña del disco. La verdad es que quiero verle para hacerle un regalo. Se lo merece.

Le deseamos que todo vaya rodado en esta nueva etapa con una multinacional como Warner. Y que las viejas heridas se cierren. Viene el tiempo del viento, tiempo de volar alto y de celebrar.

Salud!



https://chenchofernandez.bandcamp.com/
http://chenchofernandez.com/







domingo, 18 de octubre de 2015

Crónica 9º Ciclo de Blues El Cerro del Andévalo



Crónica 9º Ciclo de Blues El Cerro del Andévalo
Fecha: 17-10-2015
Lugar: Ermita de La Trinidad, El Cerro del Andévalo (Huelva)

Salí de Sevilla temprano, a eso de las 2 de la tarde un sábado lluvioso y fresco. Miré al cielo y no vi a los dioses, solamente oteé en el horizonte una tormenta eléctrica sobre la campiña y truenos y rayos, eso sí, sonando francamente celestiales. Era un buen augurio.





Paré a comer en La Palma del Condado, lugar de buenos vinos que tuve el gusto de degustar en el pasado pero que esta vez no caté ni gota… Hice bien porque la lluvia hizo la carretera de la sierra peligrosa. A la salida de La Palma otra buena señal: volví a parar, esta vez, créanme, en un blanco campo de algodón, campo que nadie había recogido y que me recordó inevitablemente al Blues de Mississippi y más allá. 



Me encontré a un hombre bueno en el camino que paseaba con una vara por el arcén de la carretera. Me dijo que el algodonal había sido plantado para recoger las ayudas europeas, pero ni ese campo ni la finca de girasoles en la lejanía fueron cosechados por los aparceros del pueblo. No era rentable hacer la cosecha. La mitad de hasta donde alcanzaba mi vista era terreno baldío. Así nos va, cuando los latifundistas juegan a ser ladrones como los banqueros.


También paré en el mirador de Calañas que tan buenos recuerdos me trae. Seguía lloviendo, así que tiré un par de fotos rápidas a los arbustos olorosos y a las jaras que cubrían las laderas: el olor a tomillo y romero mojado se podía sentir en el aire húmedo y frío de la loma donde aparqué el coche.



Nada más llegar a El Cerro del Andévalo, localidad onubense de unos dos mil lugareños y con un encanto especial que solo se puede sentir visitándolo, mientras subía por las calles empinadas buscando el Hostal/Casa Rural Camilo, mi guitarra y yo nos encontramos de frente con el amigo Joaquín “Joaco” que bajaba ya instalado en el hostal; él había llegado un poco antes que yo de su Puente Genil de origen:
- Lewis… ¡qué alegría! Finalmente has podido venir.
- Sí, Joaco, un viaje bonito, bro.
- ¿Cómo estás hermano?
- Ha pasado mucha agua bajo el puente, y nunca mejor dicho…

Nos dimos un abrazo campechano y me dirigí a la Casa Rural mientras él y Jose Morueta, “Moru” para los amigos, me esperaban en el único pub del pueblo.

Esperamos la llegada de Carlos Ferrer, productor musical y cabeza visible de MÚSICA FUNDAMENTAL, el sello discográfico onubense que publicó hace recientes fechas, entre otros de su catálogo, el disco UNDER THE BRIDGE, primer trabajo del armonicista JOACO RODRÍGUEZ, y con JOSE MORUETA a la guitarra y a la voz. Un excelente disco de blues sin pretensiones con importantes colaboraciones y que nos llevará al escucharlo por terrenos acústicos y eléctricos. Un magnífico álbum con 12 temas que Joaco me envió cuando se publicó y que desde entonces llevo en el coche.

 
 

El álbum es sobre todo un formidable ejemplo y ejercicio del maestro de la armónica que es Joaco, maestro del que, desde que le conocí, siempre me ha impresionado el tono que le saca a este pequeño instrumento, tono que es diferente en cada músico; cada armonicista tiene el suyo, que hay que aprender a reconocer. Joaco, bebedor de las fuentes clásicas, Little Walter, Big Walter Horton, Sonny Boy Williamson, Billy Boy Arnold o George “Harmonica” Smith hasta los bluesmen blancos como Paul Butterfield, Charlie Musselwhite, Rod Piazza o su admirado Kim Wilson, y desde luego de los españoles Ñaco Goñi o Mingo Balaguer, por nombrar a algunos veteranos maestros de la tierra; Joaco, decía, ha desarrollado, para mí, un tono propio con el que, cuando utiliza uno de sus micrófonos de los años ’50, especiales para armónica, consigue asombrar y emocionar al personal. Al menos conmigo, y con otros como yo, lo consigue, y en la Ermita sucedió de nuevo, como más tarde relataré.
 
Jose Morueta & Joaco Rodríguez


 




















Volviendo al disco, un tema como “Someday After A While (You'll Be Sorry)” del tejano Freddie King, es uno de los puntos álgidos del álbum. Versiones de Robert Johnson como “They're Red Hot” o “Walkin’ Blues”, este último con la guitarra y la voz  del argentino Pol Castillo,  “My Home Is A Prison” un delicioso blues de Slim Harpo o una estupenda versión de “Freight Train” de la gran intérprete zurda de folk blues Elizabeth Cotten –otro de los grandes momentos del disco- son temas que Joaco y Jose van desgranando en la primera mitad del álbum para llegar a las colaboraciones de lujo:  además de la comentada de Pol Castillo, también aparecen el bluesman vasco de la banda The Reverendos, Reverendo Igor al piano eléctrico y voz en una versión de “How Long Blues” deudora de la versión que hiciera el pianista de Muddy Waters Pinetop Perkins, a su vez inspirada en la original que registraran el dúo Leroy Carr y Scrapper Blackwell en 1928 y que fue uno de los “best sellers” del Blues de preguerra. El amigo y guitarrista afincado en Valencia Salvador Poquet, el gran guitarrista brasileño Igor Prado y el bluesman portugués Pedro Tatanka van colaborando en unas canciones redondas y que, por la distancia, y salvo las pistas de Joaco y Jose Morueta, se grabaron y mezclaron por separado.
 

Nos dirigimos después del café a la Ermita de La Trinidad, donde a partir de las nueve y media de la noche se desarrolló el concierto. El lugar es mágico. Y no porque fuéramos predicadores del Blues, que también, sino porque sus muros de piedra antigua, el techo abovedado, los arcos de medio punto de estilo plateresco, creo, y el sonido del Padre Nuestro que provenía de la iglesia anexa, donde el párroco instaba a orar con celo a los feligreses de la misa de ocho, daban un tono de recogimiento y de sagrado a la música de blues que se iba a interpretar a continuación.

Ermita de La Trinidad


El campo de algodón del principio del viaje fue una buena señal, sin duda. El concierto se condujo con una acústica más que excelente en la que Joaco decidió, creo que acertadamente, tocar a pelo, es decir, sin amplificar su armónica. La voz de Moru resonaba en las paredes y los ritmos de su guitarra acústica llevó a los oyentes a los campos, nunca baldíos, del sur de Estados Unidos. Sonaron en la ermita clásicos del blues como “Big Boss Man”, “They’re Red Hot”, “Freight Train”…


Al final de su actuación, Joaco y Jose Morueta invitaron a subir al que escribe estas líneas y nos marcamos un “My Babe” de Little Walter tocado a ritmo medio-lento que sacudió las telarañas de mi estómago -subí al escenario con cierto ruido de tripas, un problemilla que no supuso impedimento alguno para disfrutar de una magnífica velada con este 9º Ciclo de Blues del Cerro del Andévalo.

Más tarde, Carlos y su hija marcharon de regreso a Huelva y nosotros tres, más Esmeralda, fuimos a un restaurante cercano a degustar el pescaito frito de Huelva (Moru y yo somos paísanos, nacidos en Onuba) a base de chocos fritos en su punto, adobo recien aliñao, gambas rebozadas, ensaladilla rusa… Final perfecto para una jornada con mucho blues a flor de piel que permanecerá bastante tiempo en nuestra memoria.


Al otro día, domingo y camino de regreso a casa, detuve el coche en un corral solar al lado de la carretera. En primer lugar, para fotografiar un nido de cigüeñas abandonado hasta la primavera y donde ahora crían bulliciosos los gorriones. En segundo, para mojarme las botas y chapotear un poco en un charco de agua y barro, eso es irresistiblemente divertido. Y en tercero, porque mi vida pasada como ingeniero solar sigue presente: he diseñado muchas instalaciones solares y eólicas. Y eso, amigos, también resulta irresistiblemente divertido. Y ecológico.


Quiero dar especialmente gracias a Carlos Ferrer y a Música Fundamental por el trabajo callado de producción musical que vienen realizando desde hace años y que ya empieza a dar sus frutos. Desde aquí le envío un abrazo y mi sincera admiración. 

Como escribió
Henry David Thoreau: No importa lo pequeño que parezca el comienzo: lo que se hace bien una vez, está hecho para siempre.”

Salud y Blues!