La ciudad de Nueva York, albergaba sobre 750,000
puertorriqueños para la década de los años 50's. La mayor parte de las
orquestas eran de puertorriqueños y allí donde su dueño fuera algún cubano,
practicamente la totalidad de los músicos eran boricuas.
La Orquesta de Machito
Ejemplo de ello lo fueron las orquestas de Machito o Arsenio
Rodríguez cuyos músicos eran boricuas en su inmensa mayoria. La música cubana
estaba no sólo recibiendo influencia de las Big Bands del Jazz americano, sino
que también de los puertorriqueños y su cultura.
Veamos que nos dice el dueño de orquesta y musico José
Fajardo: "Es imposible montar una orquesta en Nueva York, sin que sus músicos,
sean mayoritariamente puertorriqueños, y no recibír de ellos su influencia
boricua".
Para 1959 se dio la Revolución Cubana y a raíz de ello,
muchos músicos cubanos con visados en Estados Unidos, tuvieron que regresar.
Posteriormente Cuba y Estados Unidos se cierran mutuamente las puertas y la
vieja época de la música cubana y sus orquestas en Nueva York, serian cosa del
pasado. En Cuba incluso se comenzaron a cerrar clubes nocturnos y salones de
bailes de manera que la vieja música comercial cubana, vino a ser para ese
entonces, música de recuerdo y cosa del pasado.
Escritura Be Bop imperecedera. Escrita sin márgenes ni párrafos en un largo rollo de papel al que Kerouac llamaba simplemente "el rollo". Recientemente, Anagrama publicó "En la carretera. El rollo original mecanografiado", de recomendable lectura también aunque no existan grandes diferencias: los nombres de los personajes auténticos y sobre todo los pasajes eróticos o sexuales que fueron censurados en parte por el editor (Viking Press, 1957).
Contrariamente a la leyenda, hay quien defiende que Kerouac no utilizó más drogas que el café para escribir la novela...
Maravillosa fotografía, reflejo y recuerdo de toda una época, cuando los singles, efectivamente, se llevaban en una vieja maleta de cartón de posguerra que perteneció a tu abuela y tú te colgabas del hombro izquierdo el comediscos de color naranja que te trajeron tus padres de Canarias.
Muchos de esos singles, todo hay que decirlo, como las hojas que barre el viento, volaban, desaparecían después entre los pasos de baile de las fiestas de cumpleaños, fines de curso y los guateques diversos...
Para aquellos que les va la numerología,
geometría sagrada, etc., incluso para los doctores en matemáticas, o en Pi, nº
áureo, series de Fibonacci…, que haberlos haylos; todos ellos supongo ya lo
habrán previsto, seguramente.
Pero para los que no, comentar que el
próximo día 9 de septiembre, es numéricamente 9/9/2018, es decir, se abre un
portal 9/9. Además, a nadie se le habrá escapado que la suma del año 2018 = 11
(2+0+1+8). Como todos sabemos el 11 es un nº sagrado –más favorable aún para
los que tengan el nº 1 ó el nº 11 como número de vida.
Por tanto, numerológicamente estamos ante un 9/9/11 (por cierto, ¿os recuerda
algo?), un portal de energía muy raro. Es una fecha altamente resonante, que abre una ventana de
oportunidad para potenciar, en este caso particular, las facultades
espirituales, para obtener equilibrio emocional, obtener autoconocimiento y autoconfianza.
El 9 es el número de la espiritualidad, es un número especial que conecta con
otros planos no físicos. El 9 es también el número de la trascendencia, del
conocimiento eterno y profundo, y es el número de la muerte del ego, del
despertar y de la toma de conciencia.
Este portal de energía estará abierto hasta el 27 de septiembre, otro
9/9. Es una combinación muy rara que se da cada cierto número de años. Yo, por
mi parte, desde la sinceridad y la verdad desnuda, entre otras cosillas
intentaré matar al ‘ego’.
Y todo esto como preparación para el gran portal de energía que se abrirá el
próximo 11 de noviembre, es decir, un 11/11/11.
De este gran portal, ya si eso, lo comentamos otro día.
Este ‘La travesía del “Charlize”, de temática náutica o marinera, es el primero
de los siete relatos de dicho cuaderno, o libro.
Está dedicado a todos esos “amigos”, o conocidos, o hermanos,
o familia, a todos los que nos traicionan, a aquellos que nos clavan a conciencia el puñal afilado
por la espalda y retuercen adentro para hacer trizas.
La Travesía del “Charlize”
Dedicado a esos… amigos
Dufour 520 GL
Estimado amigo:
Sabes
que te tengo aprecio y ayer no quise menospreciar tus conocimientos
cartográficos ni dejarte en pelotas ante tanta gente. Por algo ganaste la
cátedra tan joven en aquella oposición tan competida en la que sólo hubo un
aspirante al título. Discúlpame si cometí tamaña torpeza. Lamento haber
refutado tus argumentos con semejante vehemencia pero… soy así.
Mas
ahora, amigo, olvídate del más espantoso de los ridículos que puede hacer un
catedrático en Cartografía - justo el que hiciste ayer frente a las más de
quinientas personas entre profesores, alumnos y periodistas que poblaban el
salón de grados de la Universidad de Sevilla. Ya te dije que anunciar un
descubrimiento de tal magnitud sin las necesarias prebendas investigatorias podría
causar importante revuelo en el mundo académico, y tarde o temprano en el
político y hasta en el religioso.
Pero tú, me decías el día anterior, ibas a entrar en la Historia. Claro,
hombre, claro, si vas a pasar a la historia, de eso no te quepa la menor duda,
amigo. Vuelvo a pedirte disculpas por la comprometida pregunta que te disparé a
quemarropa. Yo sólo quería que nos ilustraras a todos con tu presciencia de
buen cartógrafo e insigne investigador del método cortar y pegar. No quieras
leer la reseña que le acabo de pasar a la sección de Ciencia del periódico.
Olvida por un momento todo el follón que se organizó,
decía, e imagina que tu antiguo y rubio amor de vacaciones, a la que en el pasado, cuando éramos más jóvenes,
hiciste tanto daño como para sufrir una eternidad, imagina que vuelve este
verano al marinero pueblo de Barbatedonde
pasabas los veranos y una vez ella te amó y tú le pagaste con el más amargo de
los besos: el beso de Judas.
Puerto Deportivo de Barbate (Cádiz)
Imagina: tú estás allí este fin de semana y te la encuentras
de repente. Cayendo la tarde la ves caminar sola. Ella está cabizbaja, con los
hombros caídos, ensimismada en el rumor de las olas. “¡Qué buena está, la
cabrona!”, mascullas para tus adentros como un repugnante sátiro, lo que
siempre has sido y todavía eres.
En el
malecón alguien extraño la mira de reojo mientras ella pasea distraída por el sombrío
paseo marítimo. Súbitamente, ella levanta su azul mirada… Él la ha visto pero
ella parece no alterarse un ápice y sigue paseando frente al mar que cruza el
Estrecho. Sin embargo, está inquieta y algo muy dentro le resuena una y otra
vez y le hace temblar el pulso. El sol se
oculta en el horizonte y el último rayo verde destella sobre los dorados rizos
de su pelo rubio, mientras el viento de Levante vacía su última racha del
día sobre el turbulento atardecer.
Bueno…, doctor, catedrático, ¿te vas situando ya?
Vale.
El caso es que ella, después de los efusivos saludos, se refugia en tus brazos
– inquieta un tanto por la extraña visión anterior, el hombre invisible - y acepta tu invitación a cenar unas gambas a
la plancha en uno de esos restaurantes lujosos del puerto que tú y yo
conocemos y que tanto gustan entre los que son como tú: unos snobs acomodados e
ignorantes.
Naturalmente, le das las gracias a la estampa de
San Martín de Porres que siempre veo en tu cartera las pocas veces que la sacas
del bolsillo para invitar a una birra a tus amigos. Qué le vamos a hacer,
deberías también pasar por el martirio de Porres, ibas a ver cómo sacabas entonces la
cartera. De todos es sabido que, como tú mismo dices, “hay que ser un buen
católico y un cabrón de los mejores para sobrevivir entre tanto gitano y negro
apestoso que nos invade”. Racista no es la palabra con la que definiría tu
filosofía, querido amigo. De ahí que también seas un poco cicatero con el
dinero, salvo las pocas monedas que con una falsa sonrisa depositas y posas con
una sonrisa cada domingo en el cepillo de la iglesia. Eres también un hipócrita
de los mejores que he visto.
Decía, que se me va el carrete y me pierdo, que das
las gracias al santo que te ampara de que te partan la cara a diario, por haberte
regalado, a ti, precisamente a ti, una noche como ésa, con tu enamorada al lado,
evocando amores pasados, así que ni corto ni perezoso la llevas al hotel. Eres
un tío afortunado, sí. Pero tú, amigo mío, tú quieres más.
Como comentaste anoche, el motivo de tu estancia en
Barbate es que tu colega de la Universidad, el que te apañó la cátedra -a ti y
a tantos otros ignorantes de departamento que habitan las universidades- ese
adalid del conocimiento inverso que conduce una motocicleta Honda para llegar al
Departamento que está a dos manzanas de su casa, tiene su nuevo velero amarrado
en un pantalán del Puerto Deportivo de Barbate. Y, qué casualidad, te lo ha
prestado durante precisamente este fin de semana. Su precioso “Charlize”, en
homenaje a la rubia actriz australiana, que digo yo que qué culpa tiene esta bella
señora de gustar a imbéciles redomados como vosotros. Y digo también, de paso,
que todo esto no lo sabrá la santa de tu mujer ¿no, amigo? Ay, que me parece
que eres un pirata de los buenos, sí, un piratilla pata de palo, pero como
pirata de verdad eres muy, muy malo.
No durarías mucho como tripulación del bueno de
Flint. Con el garfio te arrancaría los huevos de cuajo y luego rellenaría tu
sucia boca con ellos, o lo que se hace con cobardes chivatos como tú en el
ejército... ¿Tu padre no era coronel…? Pues eso es lo menos que hacen los piratas con
los traidores. Y luego, al palo mayor colgado boca abajo, después un par de lentas
pasadas por la quilla y a servir de pasto, de carnaza, a los tiburones y marrajos,
que ávidos de carne tierna devorarían tus redondas lorzas hasta los huesos.
Capitán Flint
“El puerto deportivo de Barbate en esta época está
lleno de tías buenas”.
Esto fue lo que nos comentaste ayer entre la nube
de gin-tonics. Menos mal, por cierto,
que tienes buenos amigos que te llevan a casa cuando estás borracho aunque
les vomites en los asientos del coche nuevo. Sí, me lo ha dicho el bueno de
Ramírez esta mañana, sí. Vaya faena. Le has hecho polvo la tapicería del coche
nuevo. Yo me he descojonado directamente cuando me lo contaba con la voz tomada
y aguda carraspera. Se lo tiene merecido. Aunque él no tiene nada que ver
contigo. Es un poco conservador en algunos temas, sí, pero es ancho de corazón y
amigo de sus amigos, algo que desconocéis los tipos como tú, fascista de
mierda.
Y, por ende, criticas el sonido del estéreo de mi Citroën 2CV cada vez que te
pongo ragtime y blues de los años veinte y treinta. No tienes ni pajolera idea
de música. Para charlar mientras alternas te has leído algún libro, sí, pero confundes
a John Lennon con Annie Lennox y a Ray Charles con José Feliciano.
Citroën 2CV Charleston
Y además te ríes de mi trabajo. Gacetillero muerto
de hambre y gavilán nocturno me llamas. Vaya,
habló un tío trabajador… todavía recordamos los amigos cuando nos anunciaste,
cuando te pusiste tan serio para decirnos solemnemente que ibas a ausentarte
dos semanas de nuestras tertulias porque tenías que trabajar, mañana y tarde,
ocho horas completas en tu Departamento de la Universidad de Sevilla. Fue duro
¿verdad? Eso tuvo que ser muy duro para ti. No creo que tengas ni remota idea
del tiempo que dedica un periodista musical –o cualquier otro afortunado
trabajador que ame lo que hace– a su trabajo y a su pasión, amigo.
Al asunto que nos trae:
¡No puedes desaprovechar esta oportunidad que te ha regalado el destino! Rápidamente,
después de cenar, la invitas a navegar al día siguiente por el azul océano, el Océano
del Estrecho de Gibraltar, la oscura frontera de antaño que atravesaron con sus
naves, velas henchidas al viento de Poniente, los intrépidos y misteriosos túrdulos.
Ella está encantada, aunque, juiciosa mujer
marinera, te pregunta si has llevado alguna vez en tu vida un barco de 52 pies.
Ahí la coges por banda, le torturas sus lindos oídos y le cortas a la inocente víctima
toda la cena anterior, narrándole tus “aventuras” por el estrecho. El “rey” del
estrecho te llaman. Eso cuentas a tus amigos más imberbes e inocentes. Chico,
para tener sólo el P.E.R. y no haber salido del Mare Nostrum te das muchos
humos, tantos que igual un día el viejo Bóreas divisa a lo lejos tus señales de humo. Reza todo lo que sepas,
entonces.
El rapto de Orinia (Giovanni Batista)
Bien, por la mañana luce un día despejado y el meteo anuncia una
previsión de viento componente N fuerza 6, escala Beaufort. Pongamos el viento
constante de intensidad 25 nudos, para redondear ¿vale?, fresco, y no
complicarnos demasiado en cálculos que ahora no vienen al caso. El resultado
viene a ser el mismo.
Echas una mirada inquisitiva al cielo, buena pose
ante la chica, amigo, pero esa mirada debería ser abrazada por la experiencia
de muchas horas de navegación en solitario, exactamente las mismas de las que tú
careces. Echas otra mirada a tu enamorada, y te dices que no quieres dejar
escapar la ocasión, y quieres impresionarla. Quieres fornicártela otra vez, qué
cojones. Al fin y al cabo sólo han pasado siete cortos años.
Dogo y Los Mercenarios - 1988 - Siete Cortos Años [SG Promo]
Da igual que seas el único en salir del puerto esa
mañana. Da igual que el radiotelegrafista y hasta el guarda del puerto te den
un aviso para navegantes. Le dices a la rubia que suelte cabos – eso no se
olvida nunca, piensa ella - y le
prometes un día de navegación que no olvidará jamás. Seguramente será así,
amigo. Dicharachero, le preguntas si conoce Marruecos y si ha contemplado
alguna vez el cabo Espartel desde el océano – justo lo que yo hice
contigo hace veinte años ¿recuerdas? Ella responde que no, y moviendo la cabeza
sin decir palabra, inmersa en sus pensamientos, te dedica una mirada azul zafiro
que te mata, sus ojos azules como el océano te desnudan.
A las
10:00 a.m. el viento es fuerza 3. Arrancas el motor, quitas las defensas,
golpeas tres veces la campana, y sales sin prisa por la bocana del puerto
escuchando Sherezade. Así lo haría yo
de ser tan inconsciente como tú, al menos, dado el temporal que se puede
avecinar y mirando alrededor para darme cuenta de que soy el único barco en
zarpar esa mañana. ¿Tan imbécil y tan osado eres, amigo? “A veces, sí”, me
dijiste no hace mucho cuando te recordé aquella vez que nos caímos en moto, en
tu moto. De paquete no monto más contigo ni aunque me vaya la vida en ello y precisamente
por eso.
Dejáis atrás la marina. Apagas el motor, aproas tranquilamente
el velero, cargas génova y mayor y pones rumbo GPS a aquel amarre de marineros
que yo te mostré, situado justo bajo el cabo Espartel, al suroeste del faro. Recordarás
el amable marroquí con pinta de beduino del desierto, turbante azul incluído,
que allí mismo nos apartó y alquiló los camellos o dromedarios. Bueno… allá vais
navegando felices con el viento, el aire en movimiento, y el hombre invisible a
vuestra espalda.
Faro de Cabo Espartel (Tánger)
De repente te pareció ver algo a popa del barco, a
una media milla marina. Todo iba bien hasta ese momento, pero, canalla destino
el tuyo, amigo, no digas que no te avisé:
La electrónica del barco falla y
todo, absolutamente todo, se ha ido al carajo: adiós GPS, adiós sonda, radar, sonar, etc.,... Ocurre,
ocurre, ocurre a veces. Basta un pequeño cortocircuito. Y la radio sigue sin
funcionar - como ya te sucedió el año pasado, cuando quisiste que navegásemos
juntos como en los viejos tiempos. Hubiera sido bonito si no fuera porque
tu intención era refregarme por los ojos tu yate nuevo, a mí, que con el Hobie
Cat tengo de sobra para en solitario hacerlo volcar y luego adrizarlo todas las
veces que me dé la gana. Por eso me compré el saco de agua de 30 kg y la boya para
la punta del mástil mientras tú te descojonabas en mi cara preguntándome para qué servían en plena tienda, con la media sonrisa del vendedor incluída. Seguro que ni te fijaste como sonreímos ambos ante tu desparpajo marinero.
Y te lo
advertí: si dejas tu barco en barbecho todo el invierno hazle una revisión el
primer día que lo cojas en vacaciones, hombre, que luego pasan las llamadas desgracias.
La mar es mala mujer, sí, pero el hombre como tú es mal, mal, malísimo
marinero. Y no merece vivir si con su soberbia arrastra a otros al naufragio
seguro. Conocerás la historia sobre mi padre y su naufragio que se cuenta aún en
las pescaderías de la zona de Huelva y sus playas. Sí, su naufragio también fue
en el Estrecho.
Aquel día del año pasado que navegamos juntos, te
salvé por segunda vez la vida. Pero eso ya lo discutimos ayer después del
fiasco de la conferencia y casi me acabas pegando una hostia. Da gracias a Ramírez
y a Javi y a sus motos, que me contuvieron porque te habría hecho una cara
nueva allí mismo, imbécil.
Sin
electrónica a bordo, es precisamente cuando el viento comienza a arreciar. Y
arrecia fuerte, como decía la previsión del meteo. Deberías saberlo ya que casi
siempre ocurre así y no es la ley de Murphy, es la ley del mar. La que conocen
los buenos patrones y marineros... y donde manda patrón…
Y aquí, amigo mío, empiezan los problemas, pero los problemas de verdad, colega:
La angustia en la garganta, las preguntas vitales y las dudas y la ausencia de
respuestas; cuando las dudas surgen las respuestas se evaporan sin más, ¿no lo sabías?
Los temblores de piernas y el sudor frío; el corazón batiendo
desesperado, las pulsaciones que te golpean las sienes a cada latido, y cada
latido más rápido que el anterior, y ves el viento que arrecia aún más, la
espuma salpicando las velas que se rasgan en jirones haciendo un ruido de telar
destrozado, el mástil estremeciéndote con su rugido de animal herido; el
escalofrío..., ese escalofrío de pies a cabeza que te paraliza, te sonroja la cara
de soberbio hijo de puta; la boca seca, sin saliva que tragar y la sangre que no
te llega a las yemas de los dedos; la frente que es toda tu redonda cabeza calva está
pálida como la cara de los condenados por la Dama oscura, la muerte cabalgando sobre olas
inmensas para tu barquito, para tu frágil cascarón de nuez.
Y te muerdes las uñas y después te muerdes los dedos; se relajan tus esfínteres, te meas en los pantalones de
pinzas y tus azules zapatos náuticos se manchan de mierda líquida y
sanguinolenta.
La vidriosa mirada perdida en el oscuro horizonte; la
proa que se clava en cada pantocazo, que crees no va a salir nunca del
proceloso océano; los candeleros desprendidos como si fueran alfileres que sujetan los reventados costados del buque; las olas saltando sobre la cubierta de teka, el barco
que cruje, que se rompe en mil pedazos por la línea de crujía; la línea de vida que podría haber ayudado a salvarte quedó olvidada y mal arrumbada en tu trastero del puerto. Y tus
sollozos plañideros de doncella virgen en el océano que no sirven para nada
en este momento en el que estás ahora, temblando de miedo ante los ojos del viejo alado encanecido.
Cuestiones
a resolver en este crucial momento:
1º) ¿Cómo te despides de tu enamorada que ha puesto su preciosa vida en tus manos,
no lo olvides, esa fúnebre mañana?
2º) Una pregunta náutica: ¿a qué hora hubierais llegado a cabo Espartel
con ese viento teórico? Esto es sólo una pregunta teórica. No consideres las
corrientes. Da igual. Ni tampoco consideres el abatimiento del barco. Sólo el
tuyo, amigo.
NOTA: Como es un problemita muy fácil, me envías al periódico sólo el
resultado, por favor. Basta el resultado lógico, amigo. Con una nota, una nota necrológica,
me basta.
Podrías
haberle regalado un ramo de rosas y pedir perdón por el daño que causaste
en el pasado, y no os hubiera pasado nada, hombre. Además, así quedas como un
caballero por una vez, insensato, que no se mete uno a la mar con esas dudas en
el horizonte. Bastante tenemos con nuestro propio mar interior lleno, repleto, de
dudas.
Un abrazo para ti y un beso que te envían tu viuda y los niños.
Estaré pendiente de ellos. Los inocentes no tienen culpa de nada.
Y no te preocupes hombre, que ya has pasado a la historia.
Buena suerte en tu travesía, amigo, compañero del alma, compañero.
Llamada a larga distancia para Bob Dylan en su 77 cumpleaños
BOB DYLAN: Hey Johnny… hoy es mi
cumpleaños, 77 tacos ya, tío, ¿qué tal por ahí arriba…?
JOHNNY WINTER: Nada mal, Robert,
nada mal. Cada noche se lía una buena en el granero de tu compadre Levon… Ahora
iba de camino para allá con my friend Muddy Waters y su vieja banda de Chicago
al completo. Oye… ¿tú te apuntarías…? ¿Cuánto te queda ahí abajo, Bob? El otro
día lo comentábamos. Oye, te hacemos un sitio cuando tú quieras pero me dice
Muddy que la armónica la toca James Cotton, eso es innegociable, sorry, man.
BD: No me importa no tocar la
armónica, lo cierto es que ya apenas la toco… como ahora soy un crooner casi
octogenario…
JW: Pues como crooner tampoco, Bob.
Lo siento, de verdad, tenemos a Sinatra en nómina… el hombre le ha cogido gusto
a los blues –era cuestión de tiempo, ya sabes- y no hay quien lo baje de la
tarima en estas noches de jams… No veas el genio que tiene y sobre todo los
amigos influyentes que se ha ido echando por aquí al lado todos estos años. De
hecho, Frankie es el que dirige todo el cotarro musical en el vecindario. Él y
Levon, claro. Levon lleva el granero y Frank y sus socios todo lo demás.
BD: Bueno, con Frank no puedo
competir… ¿Y de pianista? He vuelto a las teclas, como cuando empezaba,
imitando a Little Richard allá en Hibbing. Tocar el piano me recuerda aquellos
años de adolescencia y me hace sentir más joven ahora porque la verdad es que
siempre fui un viejo; esto te lo digo en confianza, John.
JW: Bobby, vaya… de pianistas y
organistas Hammond vamos sobraos, amigo… por ejemplo, el viejo Fats Domino está
que se sale, ya se sabe, es un recién llegado y lo está petando en todos los
garitos de alrededor. El "Limbo" lo dejó anoche en llamas, el muy cabrón.
BD: Pfffff… entonces de bajista. Aún
puedo recordar mis tiempos grabando el disco “Highway 61 Revisited”…
precísamente pillé un bajo que había por allí en el estudio y me tiraron unas
fotos muy bonitas… recuerdo las risas de Mike, de Mike Bloomfield, nunca
entendí por qué se reía tanto.
JW: Jajajajaja… Robert, no me hables
de Mike que le tengo aquí al lado y te está escuchando mientras se descojona de
la risa…. “¿bajista, dice?” Jajaja… te lo paso que quiere saludarte.
MIKE BLOOMFIELD: Hey, Bobby…!!! Tío,
cuántos lustros… ¿qué haces ahí todavía, hermano…? ¿Vente ya, man, que esta
noche tenemos juerga de la grande, y lo del bajo déjalo para otra vida,
brother, hazme caso a mí, en otra vida, además esta semana les toca a Donald
‘Duck’ Dunn y a Willie Dixon y como comprenderás no es plan quitar a uno de
ellos para colarte a ti aquí, así sin permisos ni nada. Ya te llegará la hora,
tranquilo, brother. "Está oscureciendo, está oscureciendo, pero aún no lo
ha hecho del todo." No tengas prisa, Bob, ya verás la luz.
BD: Vaya putada, Michael. Otro año
más aquí, entonces. Y la muy puta de la Parca me tiene olvidado… ¿Qué habré
hecho yo de bueno en mi vida?
MB: Relájate. Un año con tu edad
pasa rápido, Bob, eso ya lo sabrás bien. No sé, aprovecha para escribir otro
tomo de tus memorias, o fúndete el Nobel en mujeres y en vino, o aprende otro
instrumento…, el arpa, mira sí, el arpa, sólo los tres acordes, los tuyos, no
te hará falta más. Y no te preocupes, esta noche nos acordaremos de ti,
pondremos el volumen al ‘11’, las válvulas al rojo vivo y tocaremos una canción
a tu salud, una que nos sabemos bien. Venga, hasta pronto y SALUD, Bob, Salud!
Me ha encantao volver a hablar contigo.
BD: Hasta la vista, bro, pero me
estoy deprimiendo de estar vivo todavía. Esto es como un segundo invierno…
JW: Naaahhh…, no, para nada, Bob, te
equivocas esta vez. Qué sabrás tú lo que es un segundo invierno… Aquí es justo
lo que dice Mike, y anímate hombre, te vamos a dedicar “un temita” que ambos
conocemos y que aquí nos sabemos bien. SALUD, Bob, Salud! Y abrazos, muchos
abrazos te envían todos, todos te queremos, Bob, te echamos de menos, poeta, premio Nobeeel...
BOB DYLAN: Sí, sí…,salud, salud… y
poeta, el Nobel y poeta. Vaya mierda. En fin, cabrones, me alegro de saber que
estáis bien y dadles recuerdos a George, a Lou Reed, a Leo y a Johnny Cash,
esto está cada vez más aburrido sin vosotros.
Y sí, tocad, tocad una canción para
mí,
hoy no tengo sueño y no voy a ir a ninguna parte.
Tocad una canción para mí y cuando oiga los cascabeles,
cuando mis oídos oigan los cascabeles de la mañana eterna,
os seguiré.