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domingo, 3 de febrero de 2019

El Ángel - Reseña por el escritor Juan J. Vicedo


Libros para el camino
(blog del escritor Juan J. Vicedo)

EL ÁNGEL. LEYENDAS. Lewis Romero.
Edición del autor. 2011. 80 páginas.




El Ángel es un poema largo, muy largo, torrencial, profético, descarnado y lírico, oscuro en su visión del mundo y cegador en su luz, esperanzado y vengador, derrotado y triunfante, realista y onírico, y de principio a fin lleno de música.

Lewis Romero, que además de ingeniero y escritor es músico, construye puentes desde los que el vértigo de la vida se conjuga con esa red de seguridad que son las canciones. Desde ese ángel que en la portada se representa con los trazos espectrales de Antonio Vega y el arranque dylaniano de "All along the watchtower", el texto es esencialmente un homenaje a la obra de José Ignacio Lapido, que subyace a todo el poema y emerge aquí y allá en versos que nos hablan de colillas apagadas, mineros y soldados que rompen filas, fracasos como punto de partida o amores que son dogma de fe.

Lapido y Dylan son dos presencias que invisibles sostienen el regreso del ángel: así Dylan también se manifiesta en campanas de libertad, sacrificios bíblicos, cántaros de lluvia, o en la magistral estructura de ese capítulo 6 en cuyos versos resuenan los ecos del paseo de la Desolación ("La Venus del Espejo / ha cambiado la ginebra por ron / ... Es la reina de la pista en la Antesala del Dolor"). Romero se sirve de la música que ha anidado en su alma para crear su propia canción, y lo hace con versos que hablan el lenguaje de lo inmediato ( sublime en su domesticidad "los panes se están cociendo / y los peces en el congelador") y estallan en lirismo callejero ("Es duro pensar que te engañaron / Es duro pensar que pusieron algo en tu bebida, / que las noches son largas en esas aceras, / que no usabas nada y te contagiaste de sida, / que el cirujano no suturó bien tus heridas"). Apocalíptico en su visión, un plano picado sobre esa ciudad que ya no es la misma cuando el Ángel decide volver, en la que los ángeles surgidos del ojo del huracán finalmente forman bandas de músicos callejeros, ángeles tan humanos y tan sobrehumanos como los que en su día soñó Alberti en su poemario sobre ellos.

Un libro con mucha música, que se lee rápido y se lee lento y que en su escritura deposita interrogantes, respuestas, y quizá una única certeza: que "nos sentiremos más viejos al brindar de madrugada".



viernes, 2 de noviembre de 2018

“El Ángel” (2011, © Lewis Romero) Capítulo SIETE [inédito] (extracto)


Capítulo SIETE [inédito]
(extracto)


"Cuando el Mystery Train llegó al anochecer
no se encontró con la ciudad vacía
ni con las tuercas oxidadas
ni con todas las mentiras
contadas pudo el viento idiota frenarlo.

Solo quedaron las colillas aplastadas
de aquellos que al ángel engañaron...


Hasta la Sota de Bastos cayó decapitada
por el rojo rampante Caballo de Espadas.

Luna llena.
Miles de velas encendidas
al frío viento de la gélida mañana
se extinguen trémulas al alba.

Mirad cómo cual luz mortecina se apagan
cuando el brazo sin ala se extiende
cuando brilla en la noche el dulce Rayo
empuñado por la mano del viajero
sombra y negra estampa
del misterioso titiritero
que en el tren fantasma
dejó la ciudad vacía y partió al amanecer.

Y bien sabe tu dios, ¿verdad?
que de cera son los cirios..."







jueves, 1 de marzo de 2018

El Homo Nauta



Homo Nauta
(Jose Luis Muñoz)



Ayer, leyendo el blog de una amiga, me encontré con una palabra que como muchas otras no aparece en el diccionario RAE, tampoco en el de María Moliner. La palabra en cuestión es “homonauta”, que del griego significaría “viajero (o navegante) dentro de sí mismo” y que actualmente, y dentro de un ámbito con connotaciones metafísicas (p.e. algunas teorías/filosofías Nueva Era -no conspiranoicas- como la conocida “Yo Soy”), se asociaría con la persona que explora su ser interno por medio de una búsqueda personal -o que navega en un mar interior, metafóricamente- y se adentra en las profundidades del ser en la búsqueda del autoconocimiento.

El objetivo de obtener o acceder a este autoconocimiento puede estar motivado por variados factores, y cada uno entiende y conoce los suyos, pero las ventajas de conocerse a sí mismo son sabidas y no entro siquiera en listarlas, aunque hay una que debería estar en un primer lugar de la lista: conocernos para intentar ofrecer lo mejor de nosotros mismos a los demás. 

En este sentido, el de conocerse a sí mismo, ya desde las obras de los filósofos griegos, creo que somos muchos, cada vez más afortunadamente, los homonautas, y las personas que dan, o les gustaría dar, lo mejor de sí mismos a los demás. En el campo del voluntariado, sin ir más lejos, encontramos muchos ejemplos, y también ejemplos cercanos en los que inspirarnos -si quieres, sin ni siquiera salirnos de nuestros contactos sociales.)

La expresión, que ya la conocía, esta vez me ha llamado la atención por otra cosa que me ha hecho recordar algo de mi vida pasada, cuando era o aspiraba a ser un buen patrón de barco: hace años, hace ya unos cuantos, yo solía emplear esa misma expresión, “homonauta”, al igual que cosmonauta se aplica al cosmos (reconocida por el RAE desde hace lustros) pero aplicada de otra manera. Yo la aplicaba al mar y a la náutica; la idea me la sugirió la lectura del libro “El último desafío”, escrito por José Luis de Ugarte, el navegante de Guetxo que completó la vuelta el mundo en solitario en 1993, hace casi 25 años. Ojo que no es ninguna tontería ni una proeza náutica más; muy pocos españoles han logrado llevarla a cabo. Por ejemplo, Dídac Costa, fue el primer catalán en completar la vuelta al mundo a vela en solitario. Ambos lo consiguieron en la regata Vendée Globe, hoy en día la aventura marítima organizada más arriesgada. Se trata de una vuelta al mundo en solitario, sin escalas y sin ayudas externas: 27.000 millas de aventura pura que José Luis de Ugarte alcanzó siendo el regatista de más edad, contaba 64 años. Didac Costa lo ha logrado en recientes fechas, precísamente en la pasada edición de la Vendée Globe 2017. Escribo lo de “primer catalán” porque así tituló el diario El Periódico la noticia, a la que describió como “proeza en el mar superando todos los desafíos.” Imagínense cómo sería esa proeza hace 25 años sin la tecnología de ahora y con la edad de un pensionista. Basta leer al azar algunos pasajes del libro para convencerse de que José Luis De Ugarte era un marino excepcional.


Volviendo a la idea homonáutica -hablando de vela me pierdo por mil ramas-, para mí, como la elaboré entonces, era algo así: el Homo nauta es una especie de humano que habita en las playas, en las costas, en los puertos, entre los barcos. Es el humano que ama el mar más que a su propio barco, que ama el mar más que a cualquier cosa terrestre. Estos hombres y mujeres simplemente adoran estar allí, en El Azul, como en la película francesa protagonizada por Jean Reno. Suelen utilizar, o han explorado, todas las formas posibles de navegar y de contacto con el mar: vela, motor, piragua, pesca, buceo, surf…, lo que sea. Algunos homo nautas lo llevarían en la sangre (en mi caso es así, nací en Huelva y mi padre fue marino) pero para ellos lo único que importa es vivir con la piel llena de sal. Estos habitantes de los puertos, de las playas, de los clubes de vela o de pesca, hablan poco y hacen mucho; navegan, bucean o pescan de verdad. Son los que llamo Homo nauta veritas



Pues ocurre exactamente lo mismo con la Vida. 
Creo que se entiende el paralelismo y la metáfora: explorar / navegar / viajar / buscar en nuestro interior nuestra esencia y buscar en la vida la Esencia. El mar es la vida, el barco nuestro cuerpo y el patrón nuestro ser interno, nuestro yo esencial.

Yo sigo en ello, intentando ser un Homo nauta veritas, intentando buscar a “Dios“, como antes en el mar, ahora, que con el paso de los años soy más joven, busco en toda la naturaleza. El mar también puede ser montaña.


Balcones de Madrid, en la Ribeira Sacra  (Galicia)



¿Y tú?
¿Qué haces?
¿Mar o montaña?



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Está escrito:

Cuando la cabeza te dé vueltas
y el cerebro quede insensible,
y el fuego de tu máquina de tren necesite
 un nuevo chispazo para encenderse
y aunque la madera sea fácil de encontrar
tú no tienes nada que ganar al ir por ella.
Y tu sendero empieza a dar vueltas
y tu calle se hace demasiado larga
y empiezas a caminar hacia atrás
aunque te das cuenta que te estás equivocando,
y la soledad se eleva mientras el día cae
y mañana por la mañana parece estar demasiado lejos.”

Sentado al sol,
esperando ver salir los cuernos al caracol,
abres tu ventana con vistas a un muro,
cuentas hasta tres,
el mundo explota en mil pedazos
quieres emprender la huida
y como un ritual
excavas un túnel cada madrugada
por el que se escapa no solo el dolor
sino también poco a poco la esperanza,
y eso lentamente te va matando.

Es más de lo mismo.
Entonces sigues a voces desesperadas,
y encuentras lamentos que se hacen canción,
y pides a gritos tu dosis de relatividad,
y te sientas de espaldas a la realidad
a esperar a que un ángel o un demonio decida volver,
y no sabes qué hacer cuando pides,
y no sabes qué hacer cuando das
¿qué estás pidiendo en este momento?
¿qué estás dando en este momento?
¿a quién estás engañando?
¿a quién estás ayudando?
¿Qué es lo que quieres?
¿Qué es lo que quieres?

¿Qué Es Lo Que Quieres?

El Ángel (2012)
extracto del cap.III